martes, febrero 14, 2017

"¡Que te rompan las piernas!": El día en el que Quintana amenazó a Juárez

Publicado a las 7:30:00 p. m. por blue webmaster

Emelec apostó a inicios de 1996 por 2 jóvenes delanteros argentinos con fama de goleadores. Uno de ellos ya había demostrado su calidad para inflar las redes en el fútbol ecuatoriano con la camiseta de Aucas. Ariel Graziani Lentini anotó 19 tantos y terminó cuarto en la tabla de artilleros de 1995, por debajo de Manuel Uquillas (24), de barcelona; Eduardo Hurtado (21), del ‘Bombillo’; y Enrique Ferraro (20), del Deportivo Quito. El otro, llamado Carlos Alberto Juárez, venía procedente del Santos Laguna de México, donde no tuvo la posibilidad de mostrar su poderío.



La prensa especializada de la época y los hinchas desconfiaban de las capacidades de ambos. De Graziani se decía que en la liguilla final del último torneo local desmejoró y de Juárez que no tenía un gran cartel y su figura se asemejaba más a un poste que a un futbolista con grandes dotes para hacer daño en el área y sortear rivales.

Los detractores inflaron el pecho y confirmaron su teoría después del primer partido en que ambos hicieron dupla ofensiva frente al Alianza Lima, por el torneo preparatorio Copa Amistad disputado en el estadio Monumental. Ninguno marcó y el equipo azul quedó eliminado tras caer 1-0. Graziani se mostró movedizo y Juárez intervino poco en las acciones ofensivas.

Y en el cotejo por el tercer puesto, en que Emelec igualó 1-1 con Newells Old Boys, el gol fue obra de Luis Capurro. Una vez más el ‘Guasón’ fue el más participativo, aunque, al igual que el ‘Cuqui’, tampoco marcó.

Graziani es para equipo chico. Aparte, necesita otro compañero en la delantera porque Juárez se mueve poco”, comentó un periodista deportivo antes del debut del ‘Bombillo’ en el certamen nacional de fútbol.

El ‘Cuqui’ necesitó un cotejo para pasar de cuestionado a ovacionado. En el estadio Modelo, ahora llamado Alberto Spencer Herrera, el 10 de marzo, frente a Espoli, el centrodelantero surgido de las divisiones menores de Lanús la rompió. Emelec se impuso 4-0, 2 goles llevaron su sello, y los restantes, del ‘Guasón’, el nuevo socio, tuvieron su aval. “Yo le di las 2 asistencias a este, él solo tuvo que empujarlas”, cuenta riéndose Juárez sentado junto a Graziani en el lobby del hotel Oro Verde de Guayaquil, donde estuvieron hospedados hasta el jueves pasado para ser parte de algunas actividades relacionadas con la 'Explosión Azul', el evento organizado para la reinauguración del estadio Capwell, donde vivieron la mejor época de sus trayectorias. “Éramos jóvenes, él llegó con 23 y yo, con 24 años, teníamos hambre de triunfo, nos agarró la época de soñar, de ambición, de deseo, y todos nos ayudaron. Lamentablemente no fuimos campeones juntos”. Graziani continúa y dice con un tono sentimental: “Entre los dos había química”.



Se ríen en cada frase que expulsan, como cuando jugaban o estaban concentrados. “Siempre fuimos así, siempre bromeamos más de lo que hablamos. Desde que nos vimos la primera vez nos entendimos muy bien”. Pese a que el diálogo es con los dos, no se atropellan al responder, se pasan la ‘pelota’ como lo hacían en la cancha. “Aunque a veces —cuenta Juárez— yo lo puteaba a este porque, en lugar de pasármela, pateaba como sea”.

Hace mucho que no se encontraban. Pese a que viven en Argentina, están lejos. Ambos volvieron a las localidades donde vieron la luz por primera vez. El ‘Cuqui’ regresó a Lanús y su compañero de fórmula a El Empalme de Villa Constitución, en la provincia de Santa Fe, donde no solo es un personaje reconocido por haber sido futbolista profesional, sino también porque es vicealcalde.

Yo lo llamo —dice Graziani—y no logro que gaste algo, pero no importa, a veces me manda unos mensajitos, algo hace. Ahora que nos reencontramos es como si no nos hubiésemos separado, sigue todo intacto”.

Cuando fueron compañeros vivían en el mismo edificio. Se iban juntos a entrenar hasta que Graziani se fue al Veracruz mexicano en diciembre de 1997. El ‘Cuqui’ señala que después de tantos años lo ha debido soportar cuatro días seguidos. “Me despierta a las 08:00”.

No han parado de reír y hacerse bromas al finalizar cada frase durante todo el diálogo. “Una mirada y ya sabemos lo que más o menos piensa el otro, somos de la misma ideología y en la cancha fue igual; ahora en el oficio yo era más habilidoso y él, rústico”, comenta Graziani.



Tuvieron —tienen— tantas cosas en común que hasta el más duro archirrival de ambos fue el mismo. No hubo peor adversario que Byron Zózimo Tenorio, ante quien debieron mostrar sus mejores dotes de combate para enfrentarlo en los clásicos.

El exnúmero 9 del ‘Ballet Azul’ retrocede el casete de su memoria y comparte: “En uno de los primeros juegos en el Monumental, Byron me pegó una piña (un puñete) de atrás, pero la verdad que era poco de pegar sin pelota. Igual, yo también era medio mañoso y le mandaba de vez en cuando un cortito”.

El ‘Cuqui’ también aporta datos sobre las luchas del dúo dinámico con el recio zaguero amarillo. Detalla una discusión entre Tenorio y Graziani, porque el primero le pegaba. “Dejá de pegarme, le dijo Ariel; a ti te quiero matar, respondió Byron, ¿por qué no le pegás al ‘Cuqui’? contestó este, entonces Byron, que siempre mostraba los dientes apretándolos cuando estaba enojado, se da vuelta hacia a mí y veo que los tenía con sangre porque yo le había pegado, no me aguanté la risa”.

Pese al intercambio de golpes, Juárez confiesa que siempre se llevó bien con Tenorio, que eran temas normales del fútbol. “Adentro de la cancha es una cosa, incluso nos pegábamos y nos levantábamos, nunca nos puteamos, yo me iba aruñado después de enfrentarnos y —con acento argentino, obvio— le decía: ‘Mirá lo que me has hecho, ¿qué me va a decir mi mujer? Cortate las uñas’. Era una excelente persona, nos llevamos bien, cuando llegó a Emelec nunca hablamos de los golpes”.

De la convivencia del plantel sonríen con complicidad y eligen casi telepáticamente qué pueden contar y qué no. “El ‘Patucho’ (Dannes) Coronel era una joda. Decía que nos daban mucho tallarín para generar hidrocarburos (se refería a los carbohidratos) y en otra ocasión un arquero le pegó un puñetazo al intentar rechazar la pelota, lo veo mareado y le digo: ‘Pisá bien para que se te pase’, y él comenzó a darle fuerte al césped con los zapatos, nos matábamos de risa”, rememora el ‘Guasón’, artillero del campeonato de 1996 con 29 tantos, 5 más que su compañero de ataque, que llegó a 24.



Juárez confirma que nunca tuvo una buena relación con Omar Quintana, presidente de la Comisión de fútbol del club. “Si él decía blanco, yo, negro. No podíamos hablar más de 2 palabras porque discutíamos. Con el que se llevaba a los besos y abrazos era Ariel, aunque la gente decía que conmigo”.

Quien también fue ariete de Wanderers y Nacional de Uruguay, Sporting Cristal de Perú, Deportivo Quito, Liga y Real Murcia español tiene 2 anécdotas que revelan cómo Quintana manejaba las emociones a la interna del plantel. Y en las 2 historias estuvo inmerso su compañero de siempre, que arranca con el diálogo.

Los sábados en la noche nos sacaba de la habitación en el Capwell y nos daba una charla en un salón. En una ocasión, al final, me levanto y antes de salir apago la luz y nos metimos con ‘Cuqui’ a la habitación, nos acostamos y escuchamos que don Omar empezó a los gritos: ‘¿Quién apagó la luz?’. Insultaba, decía de todo. ‘Maleducados, ahora vienen todos de nuevo’”.

El ‘Cuqui’ toma la posta de la exposición como cuando Graziani lo habilitaba para empujar la pelota en el arco, aunque normalmente era al revés.

Yo sabía que era este, fuimos al salón y se paró atrás mío, agachado. ‘No se moverán hasta que digan quién fue’, dijo don Omar. Y este no decía nada. ‘Soy el presidente del club, eso no se hace’. Iba media hora y seguíamos ahí, y yo, con Verduga y otros más le hablábamos: ‘Dale bocón, dile que sos vos, hazte cargo’. Y no quería. Hasta que levantó la mano y dijo riéndose: ‘Don Omar, yo fui’. Y ahí Quintana gritó con un insulto de por medio: ‘Qué falta de respeto al presidente, váyanse a dormir’”.

Tiempo después se regó un fuerte rumor. Que supuestamente Quintana le había arrebatado el teléfono celular a Juárez por no atenderlo en una concentración y lo destrozó lanzándolo contra una pared.

El futbolista, que se coronó campeón con el ‘Bombillo’ en 2001 —en este año fue goleador del certamen con 19 dianas— y 2002, da la versión detallada del caso, pero primero aclara que fue un cargador nomás. Juárez y Graziani estaban en la habitación del estadio y llegó Quintana, golpeó la puerta y sin esperar un ‘pase, por favor’, ingresó. Los 2 atacantes hablaban por teléfono. El ‘Cuqui’ conversaba con su señora sobre la nueva etapa que afrontaba su hijo Leandro, a quien le tocaba entrar al jardín. Y terminó dialogando con él. “Y Ariel no sé con quién hablaba porque apenas entró Quintana cortó”. Graziani estalla de la risa en medio del recuerdo y señala que ese comentario fue de más.

— Buenas noches.

— Buenas noches, Omar.

— Cuelga Carlitos, por favor.

— Hola Omar, ya cuelgo, estoy al teléfono con mi nene.

— Cuelga, soy el presidente del club.

— Ya cuelgo.

— Chu... Soy el presidente del club, cuelga.


Mientras tanto, su compañero de habitación le insistía: ‘Cortá, cortá’. “Todos los celulares eran iguales en esa época y teníamos 2 cargadores similares a mis pies, Quintana manotea uno y se va para el pasillo, y este vigilante (Graziani) agarra un cargador y se lo guarda, y yo: ‘¿Cómo sabe cuál era de quién’”.

Se escuchó un estruendo, el dirigente reventó el aparato contra una pared, Juárez, en ropa interior, salió y le reclamó:

— Estás loco, estás mal de la cabeza, estás enfermo.

Volvió a la habitación, se puso una pantaloneta, una camiseta y zapatillas. Salió furibundo mientras Graziani le hablaba para tranquilizarlo.

— ¿Para dónde vas, boludo?

— Me voy, me rompió el cargador, no lo aguanto más.


Quintana se paró en la escalera y no lo dejaba bajar. Le agarraba el brazo y el ‘Cuqui’ se lo bajaba con un manotazo.

— ¿Le vas a pegar al presidente del club?

— No le voy a pegar, pero déjeme bajar, me quiero ir, usted está mal de la cabeza, no me puede hacer eso.

Llamaré a 5 guardaespaldas para que te rompan las piernas.

— Que suban, pero de a uno, no los 5 juntos, porque ahí sí me van a dar en todos lados.


Discutieron hasta que apareció Carlos Sevilla, entrenador de Emelec en esa época, otros más y calmaron la situación. “A fin de cuentas no sabía si era mi cargador, porque este (Graziani) metió el otro en su bolsa. Al siguiente día me mandó un cargador con Sotomayor (empleado del club) a la casa”.

Para la liguilla final de la temporada 1999, Graziani reforzó al ‘Bombillo’ proveniente del Morelia mexicano y se armó nuevamente la gran dupla de los 53 goles en el 96. En el último encuentro, el 5 de diciembre, se jugaba el tercer puesto del campeonato, que daba un cupo para la Copa Libertadores, con Deportivo Quito. El primer tiempo en el estadio Reales Tamarindos de Portoviejo culminó 2-0 a favor de los ‘chullas’ con goles de Alejandro Martín Kenig. Quintana, furioso, ofreció un premio económico en el camerino, a cambio de revertir la historia.

En la segunda etapa, Emelec salió motivado y le dio vuelta al marcador. “Se armó un quilombo, alguien le pegó a Ariel, se armó un tumulto y yo empujé al central argentino de ellos, que no recuerdo cómo se llama para ver cómo estaba este. De repente siento un golpe que me viró un diente, me rompió la boca y me dejó mareado”.

El encuentro se reanudó y el ‘Cuqui’ estaba desorientado. Llegó un tiro de esquina, se le acercó a Graziani y le preguntó:

— ¿Che, cuánto vamos?

— Eres boludo, le dimos vuelta al marcador. Estás noqueado.


El ‘Guasón’ alertó al cuerpo técnico para que sacaran del campo a su compañero. “Ya en la banca me eché hielo y al minuto se me aclaró el panorama, tal vez por la adrenalina de seguir corriendo no me recuperaba”.

Después de ese triunfo ‘millonario’, Quintana y Juárez no llegaron a un acuerdo económico para el 2000. El dirigente lo cedió al Sporting Cristal y contrató al artillero que casi los deja sin copa. Sin embargo, a medio año el ‘Cuqui’ volvió. “Alejandro tenía 4 goles antes de que yo llegue y terminó con 25”, se jacta el futbolista que fue elogiado por hacer goleadores con sus asistencias a Graziani, Kenig Kaviedes y Otilino Tenorio (+).

En su largo recorrido, el ‘Cuqui’ formó dupla con un crack actual del 'Barça'. Empresarios holandeses fueron a examinar a otro jugador y se llevaron a Luis Suárez al Ajax, ya que aquel día frente al Liverpool uruguayo ‘Luchito’ marcó 2, y Juárez, uno. Graziani, en cambio, vio a Marcelo Bielsa haciendo prácticas para DT en el club donde no logró debutar en primera. “Siempre dije que Newell’s se perdió 2 grandes cosas: a Messi y a mí”. Más risas.


Fuente: El Telégrafo



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