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jueves, abril 27, 2017

Historial: Emelec vs. River Plate [VIDEO]

El Club Sport Emelec y el Club Atlético River Plate se enfrentarán hoy a partir de las 19h00 en el estadio George Capwell, en un partido válido por la fecha 3 del grupo 3 de la Copa Conmebol Libertadores. Los dirigidos por Marcelo Gallardo son punteros con seis unidades, mientras que los de Arias son segundos con tres puntos.



A continuación te mostramos el historial entre estos dos equipos en torneos internacionales:

1948 Campeonato Sudamericano de Campeones:
River Plate 4-0 Emelec
Goles de: Alfredo Di Stefano

Copa Libertadores (Octavos de Final)
9 de mayo del 2001:

Emelec 2-0 River Plate
Goles de: Pedro Aguirrez y Moises Candelario



Copa Libertadores (Octavos de Final)
17 de mayo del 2001:

River Plate 5-0 Emelec
Goles de: Celso Ayala, Javier Saviola(2), Mario Yépez y Ariel Ortega

Copa Libertadores (Fase de Grupos)
14 de marzo del 2003:

Emelec 3-1 River Plate
Goles de: Oscar Pacheco, Otilino Tenorio y José Manuel Rey (Emelec); Esteban Fuertes (River Plate)

Copa Libertadores (Fase de Grupos)
18 de abril del 2003:

River Plate 2-0 Emelec
Goles de: Gastón Fernández y Andrés D'Alessandro

En total, estos dos equipos se han enfrentado en cinco ocasiones, tres victorias para los argentinos (10 goles a favor) y dos para los ecuatorianos (5 goles a favor).


Fuente: Ecuagol

martes, marzo 14, 2017

Un nuevo uniforme... con 60 años de historia

Nada mejor que conocer los orígenes o raíces de lo que somos. Como sí sabemos nuestra historia, nos da una inmensa satisfacción que Adidas haga un homenaje al PRIMER CAMPEÓN DE FÚTBOL DEL ECUADOR 1957 utilizando los colores de su camiseta celeste y blanco guayaquileño.

Esta nueva indumentaria la usará el club para sus partidos correspondientes a la Copa Libertadores.

Este nuevo uniforme deja de lado el tradicional azul y plomo de Emelec, para usar el celestre y blanco, que vestía el club en la década del 1960.



Cabe recordar que, durante los años ’20 y ’30, las camisetas de los equipos de Guayaquil eran blancas o negras, según el rival; pero a partir de los años ’40 se adoptan los respectivos colores; Emelec asume el celeste con triángulo azul sobre el pecho con la cual obtiene su primer título de Campeón del Torneo Federativo de Fútbol Amateur del Guayas en Septiembre de 1946.

Emelec continuó utilizando la camisa celeste sin la banda en el pecho con la cual participó en la Copa de Campeones de Chile que sería luego la inspiración para la realización de la Copa Libertadores de América.

Al año siguiente ya implementó la banda blanca muy pequeña de izquierda a derecha sobre el pecho con la cual logró el campeonato de la Copa del Pacifico 1949 en Guayaquil y un resto de títulos en la Aso Provincial del Guayas a partir de los años ’50.

Por eso en épocas de antaño se cantaba “como juega la celeste...” cabe recordarles que a partir del año 1962 el CS Emelec empieza a utilizar los colores azul y blanco en su camiseta y al año siguiente el azul y plomo.



La sobriedad y elegancia están presentes en la nueva prensa, puesto que las marcas y auspiciantes se estandarizan a la perfección, con el color blanco”, reza el comunicado que hizo circular la directiva 'eléctrica'.

El escudo del equipo está en la parte superior de la camiseta, centrado entre las marcas auspiciantes. Además, el ‘Bombillo’, mascota del club resalta en la parte inferior de la divisa y en el parte posterior del cuello.

Según se especificó, el uniforme cuenta con la tecnología Climacool, que permite un control de la temperatura corporal, alejando el calor y el sudor del cuerpo del jugador, durante los partidos.

La camiseta está disponible en las tiendas Adidas y Maraton de todo el país. Tendrá un costo de USD 69,90 para hombres y USD 64,90 para mujeres.

Emelec usará este nuevo uniforme por primera vez hoy, en su partido ante el Melgar (Perú), por la primera fecha del grupo 3 de la Libertadores.


Síntesis de noticias publicadas por El Comercio y Azul TVS

jueves, febrero 16, 2017

Los dos grandes socios del goleador azul

Muchos especulan que Carlos Alberto Juárez no habría podido ser el goleador histórico de Emelec sin las asistencias que tuvo de parte de otros dos jugadores muy queridos por la hinchada: su compatriota Ariel Graziani, que también asistió a la reinauguración del estadio George Capwell, y el ecuatoriano Otilino Tenorio, fallecido en un accidente de tránsito en el 2005, en plena cúspide de su carrera como futbolista.

Juárez, quien se reencontró la semana pasada en Guayaquil con sus excompañeros, resalta la importancia que en sus goles tuvo las colaboraciones del 'Guasón', que llegó procedente del Aucas en el mismo año que él, en 1996, y de 'Otigol', nacido en las canteras del equipo 'eléctrico', para conseguir el bicampeonato 2001-2002.

Era como si hubiésemos jugado ya diez años juntos antes de haber estado en Emelec”, mencionó Juárez sobre Graziani. Una dupla como la de ellos no se ha repetido. En 1996, el 'Cuqui' metió 24 tantos y el 'Guasón', 29. Entre ambos marcaron 53 anotaciones para el 'Bombillo', pero no pudieron ganar el título en su primera temporada con la camiseta azul porque perdieron las finales ante El Nacional.



La dupla que después marcó más goles en su primera temporada en Emelec, aunque sin superar a Juárez y Graziani, fue la que conformaron en el 2006 Marcos Mondaini (12) y Luis Miguel Escalada (29). 41 entre ellos.

Juárez aún conserva una buena relación con todos sus compañeros de la época, dentro y fuera de la cancha. Por eso se emocionó por el reencuentro de las glorias que propició el club.

No dejó de recordar las mayores goleadas de Emelec en el campeonato. “Fue un 7-0 a Técnico Universitario y otro (7-0) al Deportivo Quito”.

Pero otro gran socio en el ataque que tuvo el 'Cuqui', años más tarde, fue Otilino Tenorio. “Cada partido junto a él era como ir a la guerra”, recordó Juárez, por la conexión que ambos tenían.



Juárez y Tenorio alzaron por dos ocasiones el título con Emelec, en 2001 y 2002. “Él era siempre alegre, siempre bromeaba con todos, incluso con el entrenador, le hacía muy bien al grupo en la cancha y fuera de ella”.


Fuente: El Universo

martes, febrero 14, 2017

"¡Que te rompan las piernas!": El día en el que Quintana amenazó a Juárez

Emelec apostó a inicios de 1996 por 2 jóvenes delanteros argentinos con fama de goleadores. Uno de ellos ya había demostrado su calidad para inflar las redes en el fútbol ecuatoriano con la camiseta de Aucas. Ariel Graziani Lentini anotó 19 tantos y terminó cuarto en la tabla de artilleros de 1995, por debajo de Manuel Uquillas (24), de barcelona; Eduardo Hurtado (21), del ‘Bombillo’; y Enrique Ferraro (20), del Deportivo Quito. El otro, llamado Carlos Alberto Juárez, venía procedente del Santos Laguna de México, donde no tuvo la posibilidad de mostrar su poderío.



La prensa especializada de la época y los hinchas desconfiaban de las capacidades de ambos. De Graziani se decía que en la liguilla final del último torneo local desmejoró y de Juárez que no tenía un gran cartel y su figura se asemejaba más a un poste que a un futbolista con grandes dotes para hacer daño en el área y sortear rivales.

Los detractores inflaron el pecho y confirmaron su teoría después del primer partido en que ambos hicieron dupla ofensiva frente al Alianza Lima, por el torneo preparatorio Copa Amistad disputado en el estadio Monumental. Ninguno marcó y el equipo azul quedó eliminado tras caer 1-0. Graziani se mostró movedizo y Juárez intervino poco en las acciones ofensivas.

Y en el cotejo por el tercer puesto, en que Emelec igualó 1-1 con Newells Old Boys, el gol fue obra de Luis Capurro. Una vez más el ‘Guasón’ fue el más participativo, aunque, al igual que el ‘Cuqui’, tampoco marcó.

Graziani es para equipo chico. Aparte, necesita otro compañero en la delantera porque Juárez se mueve poco”, comentó un periodista deportivo antes del debut del ‘Bombillo’ en el certamen nacional de fútbol.

El ‘Cuqui’ necesitó un cotejo para pasar de cuestionado a ovacionado. En el estadio Modelo, ahora llamado Alberto Spencer Herrera, el 10 de marzo, frente a Espoli, el centrodelantero surgido de las divisiones menores de Lanús la rompió. Emelec se impuso 4-0, 2 goles llevaron su sello, y los restantes, del ‘Guasón’, el nuevo socio, tuvieron su aval. “Yo le di las 2 asistencias a este, él solo tuvo que empujarlas”, cuenta riéndose Juárez sentado junto a Graziani en el lobby del hotel Oro Verde de Guayaquil, donde estuvieron hospedados hasta el jueves pasado para ser parte de algunas actividades relacionadas con la 'Explosión Azul', el evento organizado para la reinauguración del estadio Capwell, donde vivieron la mejor época de sus trayectorias. “Éramos jóvenes, él llegó con 23 y yo, con 24 años, teníamos hambre de triunfo, nos agarró la época de soñar, de ambición, de deseo, y todos nos ayudaron. Lamentablemente no fuimos campeones juntos”. Graziani continúa y dice con un tono sentimental: “Entre los dos había química”.



Se ríen en cada frase que expulsan, como cuando jugaban o estaban concentrados. “Siempre fuimos así, siempre bromeamos más de lo que hablamos. Desde que nos vimos la primera vez nos entendimos muy bien”. Pese a que el diálogo es con los dos, no se atropellan al responder, se pasan la ‘pelota’ como lo hacían en la cancha. “Aunque a veces —cuenta Juárez— yo lo puteaba a este porque, en lugar de pasármela, pateaba como sea”.

Hace mucho que no se encontraban. Pese a que viven en Argentina, están lejos. Ambos volvieron a las localidades donde vieron la luz por primera vez. El ‘Cuqui’ regresó a Lanús y su compañero de fórmula a El Empalme de Villa Constitución, en la provincia de Santa Fe, donde no solo es un personaje reconocido por haber sido futbolista profesional, sino también porque es vicealcalde.

Yo lo llamo —dice Graziani—y no logro que gaste algo, pero no importa, a veces me manda unos mensajitos, algo hace. Ahora que nos reencontramos es como si no nos hubiésemos separado, sigue todo intacto”.

Cuando fueron compañeros vivían en el mismo edificio. Se iban juntos a entrenar hasta que Graziani se fue al Veracruz mexicano en diciembre de 1997. El ‘Cuqui’ señala que después de tantos años lo ha debido soportar cuatro días seguidos. “Me despierta a las 08:00”.

No han parado de reír y hacerse bromas al finalizar cada frase durante todo el diálogo. “Una mirada y ya sabemos lo que más o menos piensa el otro, somos de la misma ideología y en la cancha fue igual; ahora en el oficio yo era más habilidoso y él, rústico”, comenta Graziani.



Tuvieron —tienen— tantas cosas en común que hasta el más duro archirrival de ambos fue el mismo. No hubo peor adversario que Byron Zózimo Tenorio, ante quien debieron mostrar sus mejores dotes de combate para enfrentarlo en los clásicos.

El exnúmero 9 del ‘Ballet Azul’ retrocede el casete de su memoria y comparte: “En uno de los primeros juegos en el Monumental, Byron me pegó una piña (un puñete) de atrás, pero la verdad que era poco de pegar sin pelota. Igual, yo también era medio mañoso y le mandaba de vez en cuando un cortito”.

El ‘Cuqui’ también aporta datos sobre las luchas del dúo dinámico con el recio zaguero amarillo. Detalla una discusión entre Tenorio y Graziani, porque el primero le pegaba. “Dejá de pegarme, le dijo Ariel; a ti te quiero matar, respondió Byron, ¿por qué no le pegás al ‘Cuqui’? contestó este, entonces Byron, que siempre mostraba los dientes apretándolos cuando estaba enojado, se da vuelta hacia a mí y veo que los tenía con sangre porque yo le había pegado, no me aguanté la risa”.

Pese al intercambio de golpes, Juárez confiesa que siempre se llevó bien con Tenorio, que eran temas normales del fútbol. “Adentro de la cancha es una cosa, incluso nos pegábamos y nos levantábamos, nunca nos puteamos, yo me iba aruñado después de enfrentarnos y —con acento argentino, obvio— le decía: ‘Mirá lo que me has hecho, ¿qué me va a decir mi mujer? Cortate las uñas’. Era una excelente persona, nos llevamos bien, cuando llegó a Emelec nunca hablamos de los golpes”.

De la convivencia del plantel sonríen con complicidad y eligen casi telepáticamente qué pueden contar y qué no. “El ‘Patucho’ (Dannes) Coronel era una joda. Decía que nos daban mucho tallarín para generar hidrocarburos (se refería a los carbohidratos) y en otra ocasión un arquero le pegó un puñetazo al intentar rechazar la pelota, lo veo mareado y le digo: ‘Pisá bien para que se te pase’, y él comenzó a darle fuerte al césped con los zapatos, nos matábamos de risa”, rememora el ‘Guasón’, artillero del campeonato de 1996 con 29 tantos, 5 más que su compañero de ataque, que llegó a 24.



Juárez confirma que nunca tuvo una buena relación con Omar Quintana, presidente de la Comisión de fútbol del club. “Si él decía blanco, yo, negro. No podíamos hablar más de 2 palabras porque discutíamos. Con el que se llevaba a los besos y abrazos era Ariel, aunque la gente decía que conmigo”.

Quien también fue ariete de Wanderers y Nacional de Uruguay, Sporting Cristal de Perú, Deportivo Quito, Liga y Real Murcia español tiene 2 anécdotas que revelan cómo Quintana manejaba las emociones a la interna del plantel. Y en las 2 historias estuvo inmerso su compañero de siempre, que arranca con el diálogo.

Los sábados en la noche nos sacaba de la habitación en el Capwell y nos daba una charla en un salón. En una ocasión, al final, me levanto y antes de salir apago la luz y nos metimos con ‘Cuqui’ a la habitación, nos acostamos y escuchamos que don Omar empezó a los gritos: ‘¿Quién apagó la luz?’. Insultaba, decía de todo. ‘Maleducados, ahora vienen todos de nuevo’”.

El ‘Cuqui’ toma la posta de la exposición como cuando Graziani lo habilitaba para empujar la pelota en el arco, aunque normalmente era al revés.

Yo sabía que era este, fuimos al salón y se paró atrás mío, agachado. ‘No se moverán hasta que digan quién fue’, dijo don Omar. Y este no decía nada. ‘Soy el presidente del club, eso no se hace’. Iba media hora y seguíamos ahí, y yo, con Verduga y otros más le hablábamos: ‘Dale bocón, dile que sos vos, hazte cargo’. Y no quería. Hasta que levantó la mano y dijo riéndose: ‘Don Omar, yo fui’. Y ahí Quintana gritó con un insulto de por medio: ‘Qué falta de respeto al presidente, váyanse a dormir’”.

Tiempo después se regó un fuerte rumor. Que supuestamente Quintana le había arrebatado el teléfono celular a Juárez por no atenderlo en una concentración y lo destrozó lanzándolo contra una pared.

El futbolista, que se coronó campeón con el ‘Bombillo’ en 2001 —en este año fue goleador del certamen con 19 dianas— y 2002, da la versión detallada del caso, pero primero aclara que fue un cargador nomás. Juárez y Graziani estaban en la habitación del estadio y llegó Quintana, golpeó la puerta y sin esperar un ‘pase, por favor’, ingresó. Los 2 atacantes hablaban por teléfono. El ‘Cuqui’ conversaba con su señora sobre la nueva etapa que afrontaba su hijo Leandro, a quien le tocaba entrar al jardín. Y terminó dialogando con él. “Y Ariel no sé con quién hablaba porque apenas entró Quintana cortó”. Graziani estalla de la risa en medio del recuerdo y señala que ese comentario fue de más.

— Buenas noches.

— Buenas noches, Omar.

— Cuelga Carlitos, por favor.

— Hola Omar, ya cuelgo, estoy al teléfono con mi nene.

— Cuelga, soy el presidente del club.

— Ya cuelgo.

— Chu... Soy el presidente del club, cuelga.


Mientras tanto, su compañero de habitación le insistía: ‘Cortá, cortá’. “Todos los celulares eran iguales en esa época y teníamos 2 cargadores similares a mis pies, Quintana manotea uno y se va para el pasillo, y este vigilante (Graziani) agarra un cargador y se lo guarda, y yo: ‘¿Cómo sabe cuál era de quién’”.

Se escuchó un estruendo, el dirigente reventó el aparato contra una pared, Juárez, en ropa interior, salió y le reclamó:

— Estás loco, estás mal de la cabeza, estás enfermo.

Volvió a la habitación, se puso una pantaloneta, una camiseta y zapatillas. Salió furibundo mientras Graziani le hablaba para tranquilizarlo.

— ¿Para dónde vas, boludo?

— Me voy, me rompió el cargador, no lo aguanto más.


Quintana se paró en la escalera y no lo dejaba bajar. Le agarraba el brazo y el ‘Cuqui’ se lo bajaba con un manotazo.

— ¿Le vas a pegar al presidente del club?

— No le voy a pegar, pero déjeme bajar, me quiero ir, usted está mal de la cabeza, no me puede hacer eso.

Llamaré a 5 guardaespaldas para que te rompan las piernas.

— Que suban, pero de a uno, no los 5 juntos, porque ahí sí me van a dar en todos lados.


Discutieron hasta que apareció Carlos Sevilla, entrenador de Emelec en esa época, otros más y calmaron la situación. “A fin de cuentas no sabía si era mi cargador, porque este (Graziani) metió el otro en su bolsa. Al siguiente día me mandó un cargador con Sotomayor (empleado del club) a la casa”.

Para la liguilla final de la temporada 1999, Graziani reforzó al ‘Bombillo’ proveniente del Morelia mexicano y se armó nuevamente la gran dupla de los 53 goles en el 96. En el último encuentro, el 5 de diciembre, se jugaba el tercer puesto del campeonato, que daba un cupo para la Copa Libertadores, con Deportivo Quito. El primer tiempo en el estadio Reales Tamarindos de Portoviejo culminó 2-0 a favor de los ‘chullas’ con goles de Alejandro Martín Kenig. Quintana, furioso, ofreció un premio económico en el camerino, a cambio de revertir la historia.

En la segunda etapa, Emelec salió motivado y le dio vuelta al marcador. “Se armó un quilombo, alguien le pegó a Ariel, se armó un tumulto y yo empujé al central argentino de ellos, que no recuerdo cómo se llama para ver cómo estaba este. De repente siento un golpe que me viró un diente, me rompió la boca y me dejó mareado”.

El encuentro se reanudó y el ‘Cuqui’ estaba desorientado. Llegó un tiro de esquina, se le acercó a Graziani y le preguntó:

— ¿Che, cuánto vamos?

— Eres boludo, le dimos vuelta al marcador. Estás noqueado.


El ‘Guasón’ alertó al cuerpo técnico para que sacaran del campo a su compañero. “Ya en la banca me eché hielo y al minuto se me aclaró el panorama, tal vez por la adrenalina de seguir corriendo no me recuperaba”.

Después de ese triunfo ‘millonario’, Quintana y Juárez no llegaron a un acuerdo económico para el 2000. El dirigente lo cedió al Sporting Cristal y contrató al artillero que casi los deja sin copa. Sin embargo, a medio año el ‘Cuqui’ volvió. “Alejandro tenía 4 goles antes de que yo llegue y terminó con 25”, se jacta el futbolista que fue elogiado por hacer goleadores con sus asistencias a Graziani, Kenig Kaviedes y Otilino Tenorio (+).

En su largo recorrido, el ‘Cuqui’ formó dupla con un crack actual del 'Barça'. Empresarios holandeses fueron a examinar a otro jugador y se llevaron a Luis Suárez al Ajax, ya que aquel día frente al Liverpool uruguayo ‘Luchito’ marcó 2, y Juárez, uno. Graziani, en cambio, vio a Marcelo Bielsa haciendo prácticas para DT en el club donde no logró debutar en primera. “Siempre dije que Newell’s se perdió 2 grandes cosas: a Messi y a mí”. Más risas.


Fuente: El Telégrafo

domingo, febrero 12, 2017

"Una criatura hecha de cemento y pasión"

Editorial de Jorge Barraza. Publicado por Diario El Universo.


Las bombas de estruendo atronaron por fin el cielo del Capwell, en silencio durante dos años, apenas animado por el ruido del martillo y de las grúas. Los fuegos de artificio dieron luz a esa gigantesca criatura hecha de cemento y pasión. Valió la pena. El hincha, esa crecida masa azul, se encontró con un coloso moderno, pleno de luz y grandiosidad, y sintió el orgullo de la casa propia, esa casa a la que puede invitar a quien sea: no quedará mal.

Lo primero que sorprende de este Capwell es la nueva y monumental tribuna San Martín. Si en la reinauguración de 1991 el edificio de la General Gómez pareció impactante, la nueva San Martín genera asombro: es como mínimo el doble de alta que aquella. Seguramente más de un visitante se sentirá intimidado cuando entre al campo a disputar un partido. Que es uno de los efectos primordiales de poseer un gran estadio: impresionar al rival, generarle respeto. Es lo que sucede con el Bernabéu, el Camp Nou, La Bombonera y tantos otros: a mayor imponencia, mejores perspectivas deportivas. Como diría el padre Ferreyra, “con este estadio, el empate lo tenemos”. La cercanía de las tribunas al campo también lo hacen especial.



Guayaquil, con una nueva joya’, tituló Diario El Universo en portada, acertando en el calificativo. Adicional al tamaño, está la belleza y los detalles de confort en las suites, en las cabinas para el periodismo, en los ascensores, camerinos, en las torres que unen el magnificente rectángulo… La ausencia de mallas en las tribunas le da un toque casi teatral; la proximidad del público con los actores y el espectáculo difícilmente se encuentre en otro escenario. Este Capwell merece un partido grande de la Selección ecuatoriana. En diciembre se cumplirán 70 años de la célebre Copa América de 1947 en que debutó Alfredo Di Stéfano y que se desarrolló íntegramente en el reducto de General Gómez y avenida Quito, ¿qué mejor homenaje que llevar al equipo nacional a ese césped…?

Lupo Quiñónez, llegado especialmente desde Harrison, Nueva Jersey, no se quitaba los anteojos oscuros por precaución de que alguna lágrima lo delatara. “Me emociona mucho esto, aunque me guardo las emociones para adentro...”, dice. Se lo ve juvenil a sus 60 años y estaba inmensamente feliz de poder mostrarle a su hijo el lugar donde nació futbolísticamente. “Me parece mentira ver al Capwell así. Jugué en el viejo estadio Capwell, pero no solo eso, viví cinco años aquí, en la concentración que estaba debajo de la tribuna de General Gómez. Este fue mi estadio, mi casa, mi papá y mi papá… Estaba en las inferiores y pasaba mis días aquí. Entrenaba con los técnicos y cuando ellos se iban también, a ver si aprendía, ja, ja… Jugar ahora debe ser maravilloso, lo decíamos con Miori, con quien hicimos una gran dupla: en esta grama juega hasta un picapiedra… O sea, hasta yo podría jugar, ja, ja…”. Siempre humilde, Lupo agradece que le pidan una foto. “Es muy lindo sentir el cariño por lo que uno ha hecho, hay que pensar que hace 27 años ya me retiré”.

Le recordamos aquel partido suyo grandioso frente a Argentina en Buenos Aires por la Copa América de 1983, cuando los zagueros Roberto Mouzo y Enzo Trossero lo cepillaron y no podían voltear al tanque, que les hizo un gol y al que debieron cometerle un penal. “Me daban precioso, ja, ja… Pero yo era joven y no lo sentía”.

Se sentó junto a Carlos Horacio Miori y Carlos Torres Garcés en la suite destinada a los exjugadores y entrenadores llegados del exterior invitados a la reinauguración. Con ellos compartían Galo Pulido, venido de California; los uruguayos Xavier Baldriz, Miguel Falero, Rubén Beninca, Eduardo De María, los argentinos Marcelo Pepo Morales, Carlos Juárez, Ariel Graziani, Marcelo Elizaga, Gabriel Perrone, Marcelo Benítez, el venezolano José Manuel Rey, Carlos Sevilla llegado de Quito…



¿Habrá imaginado Capwell que su apellido se tornaría referencia de la ciudad, que figuraría en los mapas catastrales…? En todo caso, su hijo Robert, quien cortó la cinta inaugural junto a Nassib Neme, tomó debida nota de la poderosa semilla que su padre sembró en Guayaquil y que perpetúa para siempre su amor al deporte.

Nassib Neme, padre de este imponente bebé, destilaba orgullo: “Siento que hemos cumplido todos con la obligación que teníamos de poner a Emelec en la cima, lugar que le corresponde desde que se fundó. Y cuando digo todos hablo de la comisión directiva entera y de mis dos hijos mayores, que fueron baluartes en la concepción moderna y generadora de recursos del estadio, no solo en los días de partido sino todo el año”.

Un virus inoportuno le provocó fiebre de casi 40 grados que por poco lo deja sin inauguración. “Me pusieron 200 inyecciones y me dieron mil pastillas para levantarme, pero pude estar. Fue una emoción indescriptible, y tener a nueve de mis nietos en la cancha sosteniendo la cinta que cortó Bob Capwell fue para mí un momento culminante”, confiesa el dirigente.

El presidente del New York City, que por su naturaleza los anglosajones no son de regalar elogios, me dijo textualmente: ‘Un estadio de soccer como este ya los mejores clubes del mundo quisieran tener. Fácil está en un nivel de primer mundo del año 2040’. El embajador de Estados Unidos, Todd Chapman, también, estaba enloquecido, impresionado con la organización del evento y de la belleza, funcionalidad y modernismo del estadio”, se emocionó Nassib.



Y luego de la pirotecnia, las luces y las emociones hubo un partido, que hasta los cambios fue animado, hasta atractivo. A propósito: habría que acordar no hacer más de cuatro cambios, así sea el más amistoso de los amistosos. Caso contrario se evapora toda la expectativa por el juego. En ese rato serio de partido que duró unos 60 minutos, apreciamos dos valores interesantes: Ayrton Preciado, autor de los dos goles de Emelec, un ligerito que si encara más puede hacer destrozos. Y Fernando Pinillo, zaguero veloz y enérgico. Debe aprender todavía, pero puede ser figura. El New York City aportó a la fiesta los últimos destellos de un jugador sin contradictores en el mundo: Andrea Pirlo, quien ostenta el magnetismo de las grandes estrellas. Eminencia del juego, rey del pase al pie, geómetra de la distribución del balón. Siempre será un orgullo decir “yo vi a Pirlo en la cancha”. También estaba David Villa, goleador y campeón del mundo, pero Villa es más terrenal. El 2-2 final es una anécdota dentro de una noche redonda y feliz. E intensamente azul.

El fundador, Emelec y Guayaquil, en la memoria de Robert Capwell

La sensación, al estrechar su mano, es la de haber hecho un asombroso viaje hacia atrás en el tiempo. Es casi como un encuentro con la historia, con la leyenda. Uno hasta cree que el apretón con la diestra lo recibe del mismísimo George Capwell, el hombre mito de Emelec. El padre de una pasión azul, constructor de un estadio, que revolucionó el deporte de Guayaquil desde las canchas de béisbol y básquet, desde las piscinas y los rings.

La vuelta a la realidad, luego de breves segundos de estupefacción, se produce cuando sonriente, en perfecto español “aprendido de pibe en Guayaquil”, donde nació en 1942, saluda: “¡Hola, yo soy Robert Capwell!”. El hijo menor del patriarca azul vino como invitado a la reapertura del escenario que inmortalizó el nombre de su padre. Afable, el exoficial naval de Estados Unidos habló de su progenitor (radicado en esta urbe entre 1926 y 1946 y luego entre 1952 y 1968), de su vida en esta ciudad y del amor del 'Gringo Guayaquileño' por el club que fundó en 1929.



¿Qué representa Guayaquil para usted?
Guayaquil es muy importante para mí. Nací aquí, viví aquí por varios años y fui gerente del Bank of America. Además, mi afición por Emelec es algo que nunca voy a olvidar.

Su padre dejó una huella eterna. ¿Cómo toma eso?
Es un gran orgullo para mí y para toda mi familia. Mi papá vino con el deseo de incluir a quienes pudiera en el trabajo, el deporte, en el club. A todos les daba igual oportunidad. Quería buenos ciudadanos y mejorar la comunidad a través de la práctica del deporte.

Se cree que su padre era muy riguroso con Emelec, los socios, los deportistas...
Y también con nosotros (ríe). Mi padre nos decía: “Mira, tú estás viviendo una vida, vívela bien. Sigue las reglas, trata de ser mejor que los otros, pero siempre debes tener el espíritu de ser exitoso en tu vida”. Yo jugué béisbol con Emelec, cuando tenía 15 o 16 años, porque era algo que yo quería hacer. Y no recibí ningún privilegio ni favor por ser el hijo de George Capwell. “Tú debes ir al campo y probar lo que puedes hacer”, me decía.

¿Alguna vez le comentó qué era Emelec para él?
Emelec era para mi papá algo que llevó, hasta su muerte, siempre en el corazón. Creía en fundar un club deportivo para que todos los empleados (de la Empresa Eléctrica) tuvieran la oportunidad de mejorar su vida. Quería que por medio del deporte llegaran a un nivel más alto del que ellos creían que podían llegar.

¿Cómo fue la vida de Capwell lejos de Emelec y de Guayaquil cuando se fue la primera vez, en 1946?
Extrañó porque pasó 20 años aquí. Estaba muy ligado a la empresa, a Emelec y a todos los ámbitos deportivos de la ciudad. Estaba involucradísimo en la natación, béisbol, fútbol –bueno, en fútbol no tanto (ríe)–. Después regresó como invitado para el Sudamericano de 1947, pero cuando se fue en 1946 –aunque yo era un pibe en esa época–, sé que mi papá y la familia estaban con pena en el corazón. Mis padres llegaron a Guayaquil en 1926 e irse fue dificilísimo.



¿Qué opina de los homenajes recientes?
Ayayay, ¡caramba! Es un honor. Qué se puede decir.

Su padre es llamado 'Gringo Guayaquileño'. ¿Cree que se enamoró de la ciudad?
Absolutamente. Mi papá se fue en 1946 a Panamá y volvimos en 1952 (laboró allá en la Compañía de Luz y Fuerza). Lo querían transferir a Nueva York y decía: “No. Es posible que pueda quedarme en Guayaquil. Veamos cómo arreglamos para quedarnos aquí”. Para él y mi familia, Guayaquil era muy especial.

¿Cómo hacía Capwell para abarcar tantas actividades?
Tenía trabajo de 07:00 a 14:00 en la Empresa Eléctrica y luego se producía un cambio en su mente. De 15:00 a 19:00, o hasta mucho más tarde, él era todo de Emelec.

¿Nunca le reclamaron en la familia más tiempo?
De vez en cuando (ríe). Pero sabíamos que tenía el deseo de hacer las dos cosas lo mejor posible. El trabajo, Emelec y la familia eran para mi padre las cosas más importantes.

¿Es real la anécdota de que para ser socio de Emelec primero había que boxear con George Capwell?
Así era. A mí también me lo hizo cumplir cuando solo tenía 4 años. Tuve que ponerme guantes de 16 onzas para pelear con Roberto Santos, hijo de Aníbal Santos (titular del Club Sport Emelec de 1952 a 1957), quien estuvo en la empresa con mi papá y jugó todos los deportes con él.

¿Qué le pareció el estadio Capwell remodelado?
Es una belleza; increíble. No sé cómo se arreglaron para crear, con $ 26 millones, un estadio tan lindo. Los hinchas están muy cerca de la cancha.

¿Cuáles fueron los mejores amigos de su padre?
El ingeniero Aníbal Santos, el señor (Víctor) Peñaherrera, Teófilo Fuentes. Es la gente que recuerdo de pibe, o hasta los 15 años. Siempre estaban con mi papá. Empezaron con él en la Empresa Eléctrica y también en Emelec.



Usted cortó el listón que significó la reapertura oficial del estadio que construyó en 1945 su padre.
Para mí esa noche (del miércoles pasado) fue algo muy emotivo. Cortar la cinta fue un placer.

¿Fue al Museo de Emelec?
¡Estuve ahí el otro día! Es extraordinario, buenísimo. Vi la estatua de mi padre. Vino mucha gente a tomarse fotos cuando supieron que estaba yo. “Ahí está Capwell”, decían.

¿Qué mensaje le deja a Guayaquil, su ciudad natal?
No venía desde 1991 (cuando se rehabilitó el Capwell) y veo un cambio tremendo. Es ahora más moderna, con mucho tráfico, como las ciudades grandes. Les recomiendo mantener la pasión deportiva. Si alguien cree poder ser un gran boxeador o nadador, inténtenlo. Lo pueden hacer.

¿Qué les relatará de esta experiencia a los Capwell en Estados Unidos?
No sé si podré explicarles el orgullo tremendo que siento. El estadio es una belleza. Los hinchas están casi en la cancha. Hicieron mucha bulla (ante el New York City), pese a ser un juego amistoso.



¿Sabe que varios grupos de hinchas de Emelec visitan la tumba de su padre?
Yo lo sé. Los primeros fueron una familia de hinchas de Nueva Jersey; mi padre está enterrado en Salamanca, Nueva York. Es algo que les nace del corazón. Cuando ellos llegaron había problemas con la limpieza, que se supone debe hacerse cada trimestre. Esa situación me dio pena, pero ellos tuvieron la iniciativa de limpiar todo y eso es algo que yo respeto mucho.

Su visita también ha sido un reencuentro familiar.
Eso es muy importante. Tengo tres sobrinas casadas con ecuatorianos. Ojalá esto siga para que los que vengan después de nosotros vean cómo se puede establecer aquí una familia norteamericana.

¿Habrá que esperar otra remodelación del Capwell para que usted regrese?

¡Ojalá que no (ríe)! Una sobrina se casa en julio y pienso venir con mi esposa.

¿Qué diría George Capwell de la obra de Nassib Neme?
Creo que le diría: “¡Qué buen trabajo (ríe)!”.



Fuente: El Universo

sábado, febrero 11, 2017

"George Capwell trajo alegría a Guayaquil"

Editorial de Santiago Argüello. Publicado por Metro Ecuador.


El dirigente deportivo y fundador del Club Sport Emelec, George Capwell, nació en Nueva York en 1902. Tuvo una juventud llena de logros deportivos y participaba en competiciones de natación, béisbol y boxeo. Cuando llegó a la universidad destacó en varios equipos de béisbol.

En 1925 inició la era de sus viajes por América Latina, pero no precisamente por su talento en el beisbol. Como se había graduado de ingeniero fue primero a trabajar a Cienfuegos en Cuba, y luego en 1926 llegó a laborar en una planta eléctrica de Guayaquil como supervisor de construcción.

Apenas llegó instaló un gimnasio en la segunda planta de la empresa y luego construyó un pequeño complejo deportivo con una cancha de baloncesto y una piscina. Al ver que el complejo se llenaba de jóvenes, se le ocurrió formar un pequeño club de fútbol con gente de la Empresa Eléctrica con las siglas Emelec.



El 28 de abril de 1929 fundó el Club Sport Emelec de Ecuador y el 7 de junio lo inscribió en los registros de la Federación Deportiva del Guayas en la Serie C, debutando el 28 de junio ante Gimnástico con una derrota de 2-1.

En 1940 alquiló al Municipio cuatro manzanas de terreno entre las calles Pío Montúfar, General Gómez, San Martín y Quito, para destinarlas al estadio de béisbol de su equipo.

El 1942 la Municipalidad terminó donándolas al Emelec. En 1943 se coloca la primera piedra para la construcción del diamante de béisbol que ya llevaba su nombre: George Capwell y en 1945 se inauguró con capacidad para once mil espectadores, en un encuentro de béisbol entre Emelec y Oriente. El 2 de diciembre de ese año se llevó a cabo el primer partido de fútbol.

Luego de que George Capwell fuera unos años a trabajar a Panamá, sufrió un derrame cerebral del que salió bien librado y pudo regresar a Guayaquil en 1958 donde se casó por segunda vez en 1962.

En 1967 sufrió otro derrame, a los 65 años se jubiló y se fue a vivir a San Diego, donde falleció el 7 de enero de 1970 debido a un tercer derrame cerebral.

Desde que se jugó el primer partido en su estadio, Emelec esperó 12 años para ganar su primer título.

jueves, febrero 09, 2017

Fiesta casi completa en el estadio más lindo del mundo.
REINAUGURACIÓN DEL CAPWELL: Emelec 2 - New York City FC (EU) 2

Banderas flameando en franco desafío a la lluvia que momentáneamente cayó sobre la ‘Caldera’, luces de celulares formando una improvisada coreografía, cánticos que reclamaban protagonismo a los juegos pirotécnicos y un espectáculo de luces irrumpieron en la noche guayaquileña. Era la reinauguración del estadio Capwell y merecía un evento de tal dimensión.



El estadio Capwell fue reinaugurado la noche de este miércoles 8 de febrero con mucho color, juegos pirotécnicos, luces y música. Las gradas del escenario estuvieron repletas, previas al amistoso entre Emelec y el New York City.

En un acto preliminar, la directiva emelecista, presidida por Nassib Neme y el hijo menor de George Capwell, Robert Capwell -nacido en Guayaquil-, hicieron el corte de la cinta para formalizar la reinauguración del estadio.



Los hinchas vibraron con el espectáculo previo a media luz, mientras el renovado escenario lucía imponente con sus tres pantallas gigantes, las luces de las suites encendidas y la luces complementarias ubicadas para el evento.

En las paredes internas del estadio se observó a figuras cobrar movimiento y escalar ante la atónita mirada de los espectadores. En el césped, cubierto por mallas blancas que crearon la ilusión de una pantalla gigante, se observaron líneas multicolores, trazados y luego videos de exfiguras del 'Bombillo'.



Sobre los techos del estadio se lanzaron fuegos artificiales que arrancaron expresiones de asombro de los hinchas, quienes matizaron más el ambiente festivo con cánticos, bombos y luces de bengala.



Tras el evento de reinauguración, Emelec se imponía temporalmente a su invitado especial con un fútbol más convincente en relación con los dos que había mostrado por el torneo local, donde también consiguió empates.

Ayrton Preciado marcó un doblete (41m y 54m) para el anfitrión. La igualdad la consiguieron Sean Okoli (83m) y John Stertzer (91m).



Fue un inicio intenso el que aplicaron los 'millonarios'. Tratando de llegar por la bandas y presionando la salida del cuadro estadounidense comenzó a tener el control del encuentro.

A los 2 minutos, el mediapunta Ayrton Preciado sorprendió al portero Johnson con un tiro que se fue desviado; esto motivó más a la hinchada 'eléctrica', que toda la noche animó el duelo con sus cántico.

El partido se tornó intenso por los constantes ataques de ambas escuadras, sin embargo, a partir del minuto 10, el italiano Pirlo y el David Villa, campeones mundiales con las selecciones de sus países, se juntaron para someter al 'Bombillo', pero su fórmula no dio resultados.



Luego de varios forcejos en el medio campo por el control del balón, Pedro Quiñónez cobró un tiro libre y el balón se fue por encima del horizontal; tras esto, Pirlo comenzó a generar el juego para el New York y en cada pase que lanzó la afición azul lo aplaudió por el exquisito fútbol que derrochó.



Y cuando los azules recobraron el control del encuentro lograron poner el 1-0 (41m). Romario Caicedo, en una embestida, destruyó el orden de la defensa rival y sacó un pase que Preciado solo tocó para abrir el marcador.



La anotación elevó la motivación azul para el complemento. A los 54m, Fernando Gaibor puso un pase asesino que destrozó a la línea defensiva del New York y fue aprovechado por Preciado, quien entró por el sector derecho, para poner el 2-0.

El tanto en contra obligó al técnico francés Patrick Vieira, campeón del mundo como jugador en 1998, a realizar varios cambios, entre los que salieron Pirlo y Villa, quienes fueron aplaudidos por la afición 'millonaria'.

Las variantes en el 'Bombillo' también mermaron el rendimiento que habían alcanzado y el equipo de la capital del mundo se aprovechó de esto para conseguir el empate.

El artillero Sean Okoli puso el descuento con un zapatazo de zurda que fue imposible de tener para el golero Xavier Cevallos (83m) y el empate lo puso John Stertzer (91m) luego de aprovechar un pase y sortear la salida del guardameta.

De las figuras que trajo el conjunto norteamericano, Pirlo salió reemplazado bajo la ovación de los hinchas azules, mientras que Villa jugó todo el encuentro.





Tras este resultado, Emelec se concentra para el compromiso ante liga de Quito el domingo, a las 16:30, en su renovado fortín de la avenida Quito.


Síntesis de noticias publicadas por Expreso, El Comercio y El Universo

miércoles, febrero 08, 2017

"El "Loco" Balseca, el "Flaco" Raffo y el "Pibe" Bolaños"

Editorial de Ricardo Vasconcellos. Publicado por El Universo.

Emelec tuvo en su historia grandes jugadores. Basta recordar que por sus filas pasaron Jorge Chompi Enríques, Enrique Moscovita Álvarez y Marino Alcívar –a quien, en su tiempo, bautizaron como El Rey de la Media Vuelta y El Apilador Endiablado–. Fue el recordado Marino el que marcó en 1945 el primer gol en el estadio Capwell y el que anotó el primer tanto emelecista fuera de las fronteras. Se lo hizo a Colo Colo, en 1948, en el Campeonato de Clubes Campeones. Y más atrás fue el autor de la primera anotación ecuatoriana en un Sudamericano, en 1939, y se lo convirtió al famoso arquero peruano Juan Honores.

Pudiéramos citar al menos medio centenar de cracks que dejaron un gran recuerdo en la era amateur y en los años iniciales del profesionalismo: Félix Tarzán Torres, Ricardo Chinche Rivero, Vicente Chento Aguirre, los mellizos Luis Antonio y José Luis Mendoza, Atilio Guineo Tetamantti, Juan Avelino Pizauri, quien fue el primer Loco de nuestro fútbol; Julio Alberto Pérez Luz; Hugo Mena, llamado El Rey de la Chilena; Orlando y Mariano Larraz, Héctor Pedemonte, Bolívar Herrera, Jaime Ubilla y Raúl Argüello, quien fueron tempranos compañeros de Chompi en la zaga eléctrica para ubicarse luego en la leyenda del Ballet Azul, y muchos más.



Pero Emelec no era un club popular como barcelona, ídolo desde 1947, y el viejo Norteamérica al que sus seguidores conocían como El Que Jamás Tembló, por su bravura ante rivales de alto linaje. Emelec era considerado burgués, institución de gran poderío económico, reducto de las clases altas que tenía el respaldo de la Empresa Eléctrica, contaba con una elegante sede social y hasta tenía piscina. En esos años, para ser considerado aniñado había que contar con un carné de socio de Emelec. A don George Capwell le importaba poco el apellido o los bienes de fortuna del aspirante. Para ser socio de Emelec había que subirse a un ring, calzarse los guantes y librar un combate a tres rounds con el rival que el Gringo Guayaquileño eligiera.

En el viejo Capwell –del que no queda hoy ninguna huella, sino el recuerdo– los hinchas de Emelec, que no eran muchos, recalaban en la tribuna. No surgía aún el negocio de las camisetas, pero era fácil advertir que en las graderías de general los eléctricos eran pocos. Pero un día el panorama empezó a cambiar. Emelec comenzó a crecer al punto de desplazar a Norteamérica, que iba en declive de calidad. Los que gritaban los goles del club ya no eran solo los señores de elegante indumentaria, que se sentaban casi siempre en la tribuna del lado de la avenida Quito. Allá, en los tablones de Quito, General Gómez y Pío Montúfar empezaron a levantarse los brazos entusiastas y a enrojecer las manos de los emelecistas. ¿Cómo y por qué se produjo esa metamorfosis del gusto popular? Se lo voy a contar.

El ingreso de Emelec al alma del pueblo tuvo tres responsables, todos ellos nacidos en el estadio Capwell, que el próximo miércoles estrena su traje de luces. Los dos primeros responsables fueron José Vicente Balseca y Carlos Alberto Raffo.

Raffo llegó a Quito traído por el zaguero argentino Marcelo García en el primer año del profesionalismo capitalino. Vistió la divisa del Argentina. Tenía 27 años y pesaba 127 libras, de allí el apodo Flaco. Empezó a deslumbrar por su capacidad goleadora y Emelec se fijó en él. La historia de su arribo a Guayaquil es muy conocida.

“Todos se sorprendían por la forma en que llegaba justo a la pelota para marcar el gol. Cuando Emelec trajinaba por hacerse grande, por rivalizar en popularidad con el adversario del barrio, de ese barrio popular y bullicioso, bohemio y deportivo, surgió la figura que los eléctricos necesitaban: Carlos Alberto Raffo, con sus goles que engendraron popularidad y victorias. Emelec no era un equipo querido, no tenía fanáticos, apenas partidarios que se arremolinaban un poco agresivos en la tribuna. Pero ello no entraba en el corazón del pueblo. Fue Carlos Alberto Raffo el que prendió la chispa”, dijo Ricardo Chacón en una nota de prensa de 1973.



La llegada de Raffo al centro del ataque hizo que Balseca tuviera que correrse a la punta derecha lo que marcó el nacimiento del Loco, que se incorporó a Emelec en 1951 y que debutó ante Río Guayas con solo 18 años. Quienes vivieron los tiempos del viejo estadio consideran a Balseca el mejor puntero derecho de nuestro fútbol. Su calidad, inteligencia, dominio del balón e imprevisibles recursos le hicieron ganar la admiración de propios y extraños. Agregaba a estas virtudes lo de Loco, un futbolista que se divertía en la cancha y llevaba enorme alegría a la tribuna. Su duelo con Luciano Macías, en los Clásicos del Astillero, llenaba los estadios. Era una tema que se discutía antes y después de los partidos.

Nunca habrá otro como él. Los técnicos de hoy lo echarían del equipo por burlar las órdenes que admiran los bobos tacticistas. Está prohibido llevar alegría a las tribunas. Los futbolistas de hoy no sonríen en la cancha. Tienen el ceño fruncido, el gesto preocupado, alzan la vista solo para mirar al entrenador buscando su aprobación. Están llenos de temor y obediencia.

En 1959, cuando a veces se abrían las puertas del Capwell para uno que otro juego, apareció un chiquillo de piernas cascorvas y una mente repleta de fútbol. En un partido de juveniles debutó Jorge Pibe de Oro Bolaños, el mejor futbolista de todos los tiempos de entre los que jugaron en el país. Alberto Spencer llegó a niveles universales –donde todavía no llega ningún futbolista ecuatoriano–, pero toda su fama la obtuvo en el extranjero, jugando para Peñarol de Montevideo.



Bolaños era un 10 de oro puro, no falsificado ni de latón. Su fútbol era de inspiración, de creación. De sus botines salían fantasías como las de un prestidigitador, manejaba los ritmos del equipo, las pausas, la retención del balón y el pase asesino para que Raffo o Raymondi destrozaran las redes adversarias. Era líder, tenía temperamento. No tuvo jamás la cobardía y el irrespeto del que se tira al piso fingiendo una lesión. “El Marqués Fernando Paternoster llegó a Emelec, fundó su escuela, una de las pocas que ha tenido Guayaquil, y en ella nació Jorge Bolaños, el crack más crack del fútbol ecuatoriano. Original y único, basó su juego en el dominio de la pelota, su ahijada preferida. La que trató con dulzura, con cariño para brindar tardes de fútbol que solamente él pudo crearlas. Así fue ídolo de su hinchada y verdugo del rival” dijo de él Ricardo Chacón.

El Loco Balseca estuvo en la II Cena del Recuerdo que ha organizado Emelec. El Flaco Raffo y el Pibe Bolaños estarán, de seguro, en alguna cena celestial mirando cómo se encienden las luces de la nueva joya de la calle San Martín.

martes, febrero 07, 2017

La historia del "Gringo Guayaquileño", en un nuevo libro

Emelec presenta hoy en el hotel Hilton Colón el libro George L. Capwell - El ‘Gringo’ Guayaquileño, una biografía del fundador del club y deportista, en el marco de una cena íntima de los dirigentes 'eléctricos' con los familiares del que fuera el símbolo de Emelec como invitados.

La obra fue escrita por el periodista guayaquileño Ricardo Vasconcellos Rosado y editada a todo lujo con pasta dura, en papel cuché. Vasconcellos es un investigador de la historia el deporte y ha publicado varias obras, como Los cuatro mosqueteros del Guayas; Panamá Sporting Club - 75 años, Recuerdos de Unión Deportiva Valdez, entre otras.



Este nuevo libro nació de una propuesta del presidente de Emelec, Nassib Neme Antón, quien quería rendir un homenaje a Capwell al cumplirse 90 años de su llegada a Guayaquil. “Acepté el encargo por considerar que George Capwell es, junto a Manuel Seminario, el personaje más importante en el desarrollo y progreso del deporte guayaquileño y ecuatoriano”.

El autor hizo contacto con la universidad en la que estudió Capwell y la encargada del archivo, Jenifer Kuba, le facilitó el material documental y fotos. “Agregué datos de mi archivo, las fotografías de mi propiedad, y lo que me proporcionaron dos nietos Capwell, Richard Capwell y Mark McGuinness Capwell”, dijo Vasconcellos.


Fuente: El Universo

El reencuentro de los más grandes [FOTOS + VIDEOS]

Exfiguras de Emelec, entre jugadores y entrenadores, fueron agasajados ayer por el club en la denominada ‘Cena del Recuerdo’ y mañana estarán como invitados de honor en la reinauguración del estadio Capwell.

Carlos Alberto Juárez, Ariel Graziani, Marcelo Morales, Carlos Horacio Miori, Rubén Beninca, Galo Pulido, Carlos Torres Garcés, Lupo Quiñónez, Javier Baldriz, José Manuel Rey, Luis Miguel Escalada, Marcelo Benítez, Miguel Falero, Salvador Capitano, Pedro Goicochea, Omar De Felippe, Cristian Nasuti, Ángel Castelnoble, Gabriel Perrone, Carlos Sevilla, Jacinto Espinoza, entre otros exjugadores y exentrenadores, llegaron a Guayaquil desde el domingo.



(Estoy) muy contento de poder estar en esta invitación del tricampeón: la cena de mañana (hoy) y el nuevo estadio (reinauguración del Capwell)”, dijo el 'Cuqui' Juárez.

A su llegada, el exgoleador 'eléctrico' se mostró cálido con los hinchas azules que se dieron cita en el aeropuerto José Joaquín de Olmedo.

(El Capwell) va a explotar”, bromeó el argentino nacionalizado ecuatoriano, que militó en el equipo guayaquileño en cuatro periodos (1996-1999, 2000-2002, 2003, 2007-2008).

En esta misma línea, Graziani dijo estar agradecido por el recibimiento de los fanáticos de la institución 'millonaria'.

Volver siempre acá (a Ecuador) es una alegría; me han dado muchísimo, me abrieron las puertas para la Selección (ecuatoriana, entre 1997 y 2000). Creo que la gente me quiere como un ecuatoriano más”, comentó el 'Guasón', quien dijo estar dedicado a la política en su natal Argentina (también es nacionalizado ecuatoriano).





'Pepo' Morales, quien militó en el equipo azul a mediados de los años 90, destacó el hecho de volver a pisar el renovado recinto 'eléctrico'.

La gente nos ha tratado muy bien; hace mucho dejé de jugar y me fui del club y sigo sintiendo el cariño (de la institución y los hinchas)”, indicó el excampeón con Emelec.

Salvador Capitano, quien obtuvo el bicampeonato 1992-1993 como director técnico, señaló que se encuentra emocionado de este reencuentro al que calificó como pocas veces visto en el fútbol sudamericano.

"Es una alegría inmensa ver a tanta gente que yo dirgí, muchos de ellos ya son grandes y ahora también son técnicos", manifestó un emocionado Capitano.

Estos y otros íconos del equipo azul (80 aproximadamente) asistieron al evento organizado por la institución guayaquileña como antesala de la denominada Noche Azul, que se cumplirá mañana. Los invitados a esta cena también aprovecharon para visitar el nuevo estadio Capwell, el cual será reinaugurado este miércoles en un partido especial.







Síntesis de noticias publicadas por El Telégrafo y Estadio

domingo, febrero 05, 2017

¡Cena de gigantes! Leyendas emelecistas confirmaron su asistencia

El Club Sport Emelec anunció, en un comunicado oficial, el itinerario de los jugadores y entrenadores que en su momento defendieron la camiseta de los 'eléctricos' y que han confirmado su presencia en la Cena del Recuerdo II y que, además, serán homenajeadas en la Reinauguración del Estadio Capwell, evento que se realizará el próximo miércoles 8 de febrero.



Se trata de:

Ariel Graziani -- Desde Buenos Aires: LATAM 5/2 3:10 pm

Carlos Alberto Juarez -- Desde Buenos Aires: LATAM 5/2 3:10 pm

Carlos Horacio Miori -- Desde Buenos Aires: LATAM 5/2 3:10 pm

Carlos Torres Garcés -- Desde Alicane: AIR EUROPA 6/2 a las 06:10 am

Galo Pulido -- Desde Los Angeles: AMERICAM AIRLINES 6/2 2:31 am

Jacinto Espinoza -- Desde Quito: TAME 6/2 6:35 pm

Javier Baldriz -- Desde Montevideo: AVIANCA 6/2 a las 1:05 pm

José Manuel Rey -- Desde Caracas: COPA 6/2 11:30 am

Luis Miguel Escalada -- Desde Quito: TAME 6/2 6:35 pm

Marcelo 'Pepo' Morales -- Desde Buenos Aires: LATAM 5/2 3:10 pm

Marcelo Benitez -- Desde Buenos Aires: LATAM 5/2 3:10 pm

Miguel Falero -- Desde Montevideo: AVIANCA 6/2 a las 1:05 pm

Pedro Goicochea -- Desde Montevideo: AVIANCA 6/2 a las 1:05 pm

Rubén Beninca -- Desde Montevideo: AVIANCA 6/2 a las 1:05 pm

Omar de Felippe -- Desde Buenos Aires: LATAM 5/2 3:10 pm

Cristian Nasuti -- Desde Buenos Aires: LATAM 5/2 3:10 pm

Angel Castelnoble -- Desde Montevideo: AVIANCA 6/2 a las 1:05 pm

Gabriel Perrone -- Desde Buenos Aires: LATAM 6/2 8:30 pm

Carlos Sevilla -- Desde Quito: TAME 6/2 6:35 pm


Fuente: Cancha Ecuador

lunes, enero 23, 2017

"Recuerdos del primer Ballet Azul y del estadio Capwell"

Editorial de Ricardo Vasconcellos. Publicado por El Universo.


Nassib Neme y los directivos de Emelec dan los últimos toques a la segunda reinauguración del estadio George Capwell. Los seguidores de la divisa azul y plomo esperan con ansias la llegada del 8 de febrero en que el elegante escenario abrirá sus puertas para recibir al dueño de casa y al New York City, uno de los equipos más prestigiosos de la Major League Soccer, que trae en sus filas a dos campeones del mundo: el italiano Andrea Pirlo, mediocampista, monarca planetario en Alemania 2006, y el español David Villa, delantero, campeón mundial en Sudáfrica 2010.

Tengo de Pirlo una imagen imborrable. Cuando trabajaba para El Diario La Prensa, de Nueva York, fui enviado a cubrir íntegramente el Mundial 2006 y permanecí en Alemania 33 días. Uno de los encuentros más emocionantes que me tocó presenciar fue la semifinal entre Italia y Alemania, en Dortmund.

Los 90 minutos constituyeron la demostración de un fútbol defensivo más que de iniciativas de ataque. No hubo nada especial en las dos selecciones plagadas de estrellas. Cuando vino el alargue Italia echó al cesto su historia de marcaje y pelotazo y decidió que ir tras el arco rival. El comando de ataque lo encabezaban dos jugadores fabulosos que dieron aquella noche una muestra de su talento hasta entonces prisionero de las flechas y las cruces de una pizarra castradora: Andrea Pirlo y Gennaro Gatusso. Ellos construyeron la victoria y el pase a la final que terminaron ganando para llevar a su país a la cima del mundo.



Pero ese no es el tema de esta columna. Es solo una referencia en homenaje a Pirlo, a quien volveré a ver después de más de diez años. Mi propósito es aclarar una duda histórica planteada por varios lectores acerca de mi columna anterior en la que hablaba del Ballet Azul. La denominación, de modo general, es atribuida al equipo que se formó luego de la llegada del inolvidable maestro Fernando Paternoster, en 1962.

Pero los testimonios periodísticos son inapelables. Los viejos diarios son el borrador de la historia y en ellos, de modo especial en El Universo, bajo el título de ‘C.S. Emelec, el Ballet Azul del fútbol porteño’, aparece varias veces la foto del plantel eléctrico en 1957. En esa foto (busque en Facebook la página Memorias del Guayaquil Deportivo) están, de pie, Cipriano Yulee, Jaime Ubilla, Cruz Alberto Avila, Jorge Caruso, Jorge Lazo y Raúl Argüello. Abajo aparecen Daniel Pinto, José Vicente Balseca, Carlos Alberto Raffo y los argentinos Óscar Fernández y Natalio Villa.

De modo que El Ballet Azul de Emelec nació en el viejo Capwell y no en el Modelo, como aseguran muchos. A los que aparecen en la foto hay que agregar los nombres de otros conspicuos balletistas como Bolívar Herrera (+), Ricardo Chinche Rivero (+), Rómulo Cucho Gómez, quien fue figura estelar en 1957 y titular en casi toda la campaña; Carlos Romero, Mariano Larraz (+), Júpiter Miranda (+), Humberto Suárez, Julio Gallegos, Agustín Mamita Álvarez, Luis Montes y Fulvio Rangel.

A este primer Ballet Azul le correspondió el honor de consolidar el bicampeonato para el club (1956-1957) en los torneos de la Asociación de Fútbol del Guayas y lograr el título del primer campeonato nacional de fútbol. Tres coronas en dos años, lo que es orgullo emelecista.



¿Quién armó ese primer Ballet Azul? Ese que permanece en la memoria de los viejos hinchas que vivieron los tiempos de oro del antiguo estadio Capwell, y que debe ser honrado por los jóvenes seguidores de la divisa que a diario reciben el mensaje de que hay que olvidarse de la historia. Para ser justos debemos reconocer que el armaje empezó en 1956, cuando Emelec era dirigido por un nombre al que cubre hoy una espesa niebla de olvido: el chileno Renato Panay.

Los dirigentes del club lo conocieron en 1948, cuando Emelec fue a Santiago de Chile a jugar el primer certamen oficial interclubes reconocido por la Conmebol: el Campeonato de Campeones, antecedente de la Copa Libertadores. Era un entrenador experimentado en su país y lo contrataron para que, junto a Eloy Carrillo, dirigiera en ese torneo a los azules que debutaron empatando con Colo Colo, uno de los favoritos, después de ir ganando 2-0, con goles de Marino Alcívar, recordado Rey de la Media Vuelta.

Panay llegó a Guayaquil en 1954, ya esta vez como entrenador de planta de Emelec. Contaba con un buen plantel, pero se vio favorecido por una jugada magistral de los dirigentes: se ‘sustrajeron’ del balompié quiteño a Jorge Pibe Larraz y a Carlos Raffo, dos nombres señeros de la historia eléctrica. José Vicente Balseca, entonces con 20 años, jugaba de centro delantero. Panay hizo entonces una jugada de maestro: Puso a Raffo como piloto de ataque, mandó a Larraz de interior izquierdo y ubicó a Balseca de alero derecho dando lugar al nacimiento de un personaje idolatrado por todas las hinchadas: el Loco Balseca.

El adiestrador chileno se fue a fines de 1954, pero retornó en 1956. Yulee se había consolidado como uno de los mejores arqueros nacionales. Ubilla y Argüello habían ganado fama como marcadores, mientras en el centro lucía su eficiencia Eladio Leiss. Herrera, Rivero y Galo Papa Chola Solís eran dueños del medio campo y adelante hacían una fiesta el Loco Balseca y Daniel Pata de Chivo Pinto. El Flaco Raffo destrozaba las redes, mientras el ala izquierda contaba con el Pibe Larraz o su hermano mayor, Mariano, un número 10 auténtico, no falsificado, y en la punta con Júpiter Miranda o Bomba Atómica Guzmán.

Emelec fue brillante campeón en ese torneo de Asoguayas y Panay se fue para no volver. Se convirtió en trotamundos. Después de dirigir en su país al Rangers de Talca, anduvo por Bolivia con el Aurora y la selección de ese país. Después viajó a Panamá y tuvo a su cargo la selección entre 1971 y 1978, año en el que le pierdo el rastro.



Fue entonces que los eléctricos acudieron a los servicios del siempre bien recordado Eduardo Tano Spandre, ítalo-argentino que había jugado en Río Guayas, Emelec y Valdez; que había sido técnico campeón con los milagreños en 1954 y había llevado a Barcelona a conquistar el primer título del profesionalismo en 1955. El Tano le dio la titularidad en el centro de la zaga a Cruz Ávila y pidió a los directivos que compraran el pase de Cucho Gómez. Cuando llegó a Guayaquil el Deportes Tolima convenció a su excompañero Jorge Caruso para que se quedara en Emelec. Los argentinos Natalio Villa y Óscar Fernández se incorporaron al plantel.

El fútbol millonario adquirió una vistosidad y elegancia que provocó que diario El Universo lo bautizara como El Ballet Azul, el de los bellos tiempos del viejo estadio Capwell.

domingo, octubre 23, 2016

Quintana: "No retornaré a Emelec" [AUDIO]

Omar Quintana asegura que no volverá a ser directivo 'eléctrico' porque su tiempo lo dedica por completo a temas personales. Aunque nunca ocupó la presidencia azul, como titular de la Comisión de Fútbol el exbasquetbolista fue clave en tres títulos nacionales (1979, 2001, 2002). Ahora patrocina el libro Historia del Club Sport Emelec.



¿Por qué patrocinó el libro?
Por gratitud a toda la maravillosa hinchada 'eléctrica'. Si no fuera por ellos, yo no habría llegado a ser un gran basquetbolista y directivo de fútbol. El libro tardó cuatro años en ser escrito por el periodista Mario Valdez. Lo más bonito es que no se omitió a nadie. En sus páginas Elías Wated y Nassib Neme, quienes en todo me omiten como que si yo no hubiera trabajado para la institución. Neme destaca en varias páginas, con 33 fotos.

¿Qué otros libros ha promovido?
Esto comenzó entre 1997 y 1998 con la creación de la revista 100x100 Azul y luego con los anuarios gratis para los socios. El primer libro que patrociné fue Kaviedes, el gol naciente, escrito por Jorge Barraza en 1999. Luego ayudé con la obra El goleador inolvidable, sobre el fallecido Otilino Tenorio (aparecido en agosto anterior).

¿Desde cuando es hincha de Emelec?
Desde los 14 años, cuando veía que un tal Jorge 'Pibe' Bolaños que salía en los periódicos y me dije voy a ver a este jugador. Era un fenómeno, debe ser el mejor futbolista que vi en mi vida. Después me uní al club porque destaqué en un intercolegial de básquet con la Academia Militar Juan Gómez Rendón de General Villamil. Me vio el señor César Gamarra, directivo de Emelec, y me pidió que actúe por el equipo. Me iba a ver a Playas los martes y jueves para jugar en primera con Emelec.



¿Cuáles son sus mejores recuerdos en Emelec?
Hay varias etapas. La primera a los 15 años, cuando me premiaron con un reloj marca Invicta como promesa del básquet; fue una noche muy feliz. Luego en 1979, porque fue mi primer campeonato como dirigente, con el técnico Eduardo Ñato García y los jugadores Carlos Torres Garcés, Ricardo Armendáriz, Miguel Onzari, Jorge Valdez, Lupo Quiñónez, Carlos Miori, entre otros. Otra alegría me la dieron los extraterrestres, generación hizo bicampeón al club (2001 y 2002).

¿Ha pensado en volver como directivo?
(Risas) El día del juicio final. No retornaré, ya mi historia está escrita. Ahora debo preocuparme por mi salud, mi familia y mis negocios. Me han ofrecido cargos políticos, pero los rechacé por mis asuntos personales.

¿Habrá final entre barcelona y Emelec?
Barcelona está jugando bien. Emelec debe tratar de ganar los dos clásicos, que no será nada fácil. Da la impresión de que Emelec halló la ruta y existe una expectativa.



Fuente: El Universo

jueves, octubre 06, 2016

"Chompi" Henríquez, figura en Emelec y en Chile

La foto que mostramos a continuación corresponde a la formación del club Audax Italiano, de Chile, que obtuvo el título de su país en 1946. Parado y segundo de izquierda a derecha aparece el ecuatoriano Jorge 'Chompi' Henríquez.



Ahora que Ecuador enfrentará al país de la 'Estrella Solitaria' por las Eliminatorias, bien vale la pena recordar el paso por el fútbol chileno del zaguero, quien posteriormente regresó a Ecuador y se convirtió en ídolo de Emelec. Luego realizó una vasta carrera de entrenador.

La historia de 'Chompi' Henríquez no se enmarca en la del típico extranjero que llegó a Chile a labrarse un futuro merced a su talento futbolístico. Siendo niño, el defensor se instaló junto a sus padres en el barrio Blanco Encalada, en la comuna de Santiago. Los primeros contactos con el balón los dio con todos los muchachos del sector en el Parque O'Higgins, que entonces se llamaba Parque Cousiño.

El proceso formativo de la época, el ecuatoriano lo realizó en el extinto cuadro chileno de Green Cross. Debutó en el primer equipo en el año 1940, permaneciendo en el desaparecido elenco de la Cruz de Malta por espacio de cuatro temporadas.

Entonces, el defensor emigró a Audax, a la sazón un grande de la década que disputaba uno de los clásicos del fútbol chileno frente a Colo Colo. Obtuvo el título de 1946 con los 'itálicos', interviniendo en 27 partidos. Dos años más tarde fue parte del plantel que logró la tercera corona de los verdes, en 1948. Eso sí, con una participación mucho menor: tan solo en cinco partidos.

Ese mismo año, 'Chompi' Henríquez dejó Audax y se trasladó a Colombia. Jugó por Independiente de Santa Fe en Bogotá para luego ser adquirido por Emelec, club con el que jugó el Campeonato Sudamericano de Campeones de 1948. Sin embargo, por motivos personales decide volver a Colombia, a jugar en el Sporting Club de Barranquilla.



Emelec, al que regresó en 1953, fue su destino final como futbolista activo, poniendo fin a su carrera al año siguiente. Después, desde 1955 y durante más de una década, se desempeñó como entrenador, siendo Emelec el primer equipo en el que ejerció tal profesión. La labor la abandonó en 1968 para abocarse a actividades particulares en Ecuador hasta su deceso, ocurrido en 1999.


Fuente: AS

miércoles, octubre 05, 2016

"Los recuerdos de Otón Chávez sobre George Capwell"

Editorial de Frank Maridueña. Publicado por El Universo.


Las gestas históricas, entre ellas las deportivas, deben ser inmortalizadas para que estén presentes permanentemente en la memoria colectiva. Contribuyen a este objetivo el levantamiento de monumentos, bustos, placas y la escritura de libros.

El 1 de septiembre anterior el Club Sport Emelec develó un busto de George Capwell, en la parte frontal en el sector de la calle General Gómez del estadio próximo a reinaugurarse. Así se perenniza el legado de este extraordinario deportista y propulsor, que ocupa un lugar preferente en la historia y desarrollo del deporte porteño.



Son justos y necesarios estos actos para evitar el olvido generacional. Por esto siempre hay que reescribir bellas historias, como la de Capwell. Se sigue descubriendo toda su herencia, influencia y logros en este personaje, el más guayaquileño entre los estadounidenses. Su visión sobrepasó toda imaginación. Ricardo Vasconcellos Rosado tiene lista, en la imprenta, otra obra de literatura deportiva con la seriedad y rigor que caracterizan sus investigaciones, sobre la vida de Capwell.

Entre los invitados al acto, en el que se descubrió el busto del 'Gringo guayaquileño', estuvieron tres grandes directivos de la divisa azul, a quienes tengo en la más alta estima y que me honran con su amistad: Ecuador Santacruz, Ferdinand Hidalgo y Otón Chávez Pazmiño.

Concluida la parte protocolar los tres se encaminaron a la cancha. Se mostraron impresionados por el avance de la obra y hablaron de las comodidades y facilidades del estadio Capwell. Bien se pueden escribir muchas páginas de anécdotas con los recuerdos de de estos distinguidos directivos.

Abordé a Otón Chávez y lo noté emocionado. Tuvo, al pisar el césped del remozado inmueble, la misma sensación del jugador que salta a la cancha para un partido importante. “Estoy contemplando esta maravilla de estadio. Es sensacional. Los emelecistas debemos agradecer la gestión de Nassib Neme”, dijo.

Tras una leve pausa agregó: “Concurrí por primera vez a este lugar en 1945, cuando tenía 11 años, junto con Pepe Carbo, a ver un juego de béisbol entre Emelec y la selección de Panamá. Así vi jugar al Gringo Capwell por primera vez. Son imágenes que nunca se han borrado de mi mente”.



Otón Chávez prosiguió con sus recuerdos: “En aquella época, el lugar era sencillo. Contaba solo con dos paredes de caña que corrían por las calles Juan Pío Montúfar y General Gómez. El resto estaba abierto. Las tribunas eran de madera por General Gómez. Había un lodazal que se extendía hasta donde hoy está el colegio Guayaquil”.

Añadió: “Aquí viví grandes historias. Fui testigo del Sudamericano de 1947. En este escenario vi jugar grandes estrellas, como Alfredo Di Stéfano, del que quedé maravillado y me hice hincha de este extraordinario futbolista. Una portada de la revista El Gráfico, con su fotografía, la tengo en mi escritorio. También fui apologista de Fernando Paternoster (DT de Emelec) y cuando él falleció viajé hasta Buenos Aires para expresarle mis condolencias a sus familiares”.

Chávez confirmó: “En 1950 integré el equipo juvenil de Emelec junto a Otto Legarda, José Vicente Balseca, Jaime Ubilla y otros. Luego llegué a ser directivo del equipo profesional desde 1967 hasta 1970. Luego tuve el inmenso honor de liderar un grupo dirigencial para impedir la venta del estadio Capwell, en una época que este escenario estaba descuidado”.



Otón se conmueve: “Esta nueva remodelación me tiene extasiado. Conozco muchos escenarios de América y Europa, pero este estadio tiene algo especial. Es único. Aparte de tener muchas cosas nuevas el Capwell tiene pasado, presente y futuro. Las tres instancias del tiempo. Un pasado ilustre, un presente glorioso y un futuro grandioso. Emelec puede escribir en este lugar nuevas y brillantes historias, independiente de los circunstanciales resultados”, terminó Otón Chávez, justo cuando el resto de dirigentes lo llamaban para tomarse una foto en una jornada de recuerdos y anécdotas. Mientras, yo disfrutaba al ver a estos ilustres personajes encaminarse al camerino, como cuando acaba un partido.

Tuve la oportunidad de ser testigo de una ceremonia de justicia y junto a ilustres invitados. Nunca serán suficientes todos los homenajes para agradecer y mantener vivo el legado de Capwell, quien cambió la historia del deporte porteño.

Comunidad azul



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